Una proteína producida por el ‘osito de agua’ podría proteger al ADN humano de los rayos X

Una proteína fabricada por el minúsculo tardígrado, el animal más indestructible del planeta también conocido como osito de agua, podría proteger al ADN humano de los rayos X, según investigadores japoneses.

 
‘Lo increíble es que la proteína que confiere al tardígrado esa resistencia puede ser transferida a otras células animales’, explicó Takekazu Kunieda, de la Universidad de Kioto, coautor del estudio publicado este martes en la revista británica Nature Communications.
 
Pero lo que fascina a los científicos no es su apariencia física de bolsa de aspiradora. La cualidad más destacada del tardígrado es su excepcional capacidad de adaptación, su increíble resistencia a condiciones extremas que matarían a cualquier otro ser vivo.
 
El animal puede permanecer a temperaturas muy por debajo de cero y apenas 20 minutos después de salir del congelador salir a pasear de lo más campante. Lo cual también puede hacer tras un baño de agua hirviendo.
 
Al efectuar la secuencia de ADN del tardígrado, Takekazu Kunieda y sus colegas identificaron una proteína que protege al ADN del animal cuando es irradiado. Según los investigadores, se trata de una proteína específica de los tardígrados.
 
Tras investigar más a fondo, los biólogos constataron en laboratorio que esta proteína puede proteger a las células humanas de los rayos X.
 
‘Es asombroso ver que un sólo gen sea suficiente para mejorar la tolerancia a las radiaciones de las células humanas’, afirmó el biólogo.
 
Protegido por la proteína del tardígrado, el ADN padece dos veces menos daños, según el estudio.
 
‘Pensamos que la protección podría funcionar como una especie de escudo capaz de proteger al ADN humanos contra los ataques’, explicó el japonés. El secreto de las otras increíbles capacidades de resistencia del tardígrado podrían también hallarse en su genoma.
 
En particular su resistencia a la extrema sequía. Privado de agua, el animal es capaz de secarse por completo y sobrevivir con apenas 1% de la cantidad de agua que habitualmente contiene.
 
Su ADN se disloca entonces en múltiples pequeños pedazos. Queda en un estado cercano a la ausencia de vida, durante el cual su actividad vital se reduce al 0,01% de lo normal. Hasta la llegada de días mejores.
 
Lo más sorprendente es que después, en el proceso de rehidratación, los tardígrados pueden reparar su propio ADN dañado y salir ilesos de esta deshidratación extrema.
 
‘Si la tolerancia a la desecación es transferible va a transformar por completo nuestra manera de conservar materiales biológicos (células, cultivos, carnes, pescado’, finalizó Takekazu Kunieda.

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